Parte del Programa de Iniciativas Culturales Juveniles (ICJ)

lunes, 25 de febrero de 2013

Selección poética de Indira Anampa


"Inicio"

Ser la hija de la alegría es un infierno
mientras la verdad caliente me recorre
como heroína pura de la aguja a la vena.

Bolas de pelo cuajándose como piedras en la garganta,
lagos congelados bajo mi carne golpeada,
hojas ardiendo sobre el árbol de mi cabeza,
y los días deformándome los rostros albergados
para ocasiones especiales.

Estable.

Estable como los enfermos que después del accidente han librado la muerte,
pero no saben que de todas formas van a palidecer
hasta quebrarse,
hasta la extenuación.

Siento pena de cada hora que se desprende de mi carne,
pero he de escribir la historia nueva
contada desde la herida.



"Viaje"

Fumo
como quién repite el mito del hombre en las cavernas.
Poseo un corazón que puede desdoblarse,
habitar en ti y en todos a los que me aferro
con las uñas y la carne,
a los que me hundo 
hasta fundirme en un solo movimiento
por el miedo a que mi sangre
fuese un espacio vacío entre mis venas.

Eso mismo es el taller del espanto,
sangre de mi sangre,
cuerpo de mi cuerpo,
un cántico cerrado
desde mi boca hasta el estomago.

No te olvido
y habito en otros
hasta encontrarte.



"Exilio"

Abrazaba la perfección griega de casarme con todo lo que mi sangre arrastrara.
Como los sastres belgas, tenía la intuición de hacer todo a medida.
Deambulaba
como un animal deslumbrado por las luces de un auto
escoltada hasta el exilio
a la casa celda de prisión turca.

Mis ojos  eran dos huecos que reflejaban buitres,
pequeñas hendiduras que no poblarían ni los gusanos.
Aplacé recoger un pedazo de mundo olvidado en algún cajón de la cómoda,
limpiarle el fango al gato muerto olvidado tras la lluvia.
Mi boca era una pequeña cosedura infecta
y dolía hasta el azote de la puerta.

Atravesaron mi incredulidad de niña huérfana
y tuve que arrojar el pequeño cráneo que se ennegrecía en mi bolsillo
como una piedra quemada
no era un ángel
ni una prenda íntima
era mi inocencia
yéndose por la ventana.

Aprendí a conjugar el amor con el dolor
algo así como llorar en francés.

Éste debería ser el poema en que se me va la vida
la caída
el costo de tumbarme sobre las piedras y arrastrarme
por esos caminos que me llevarán a ninguna parte.

Miento mucho cuando digo que el espacio es una invención para medir la soledad.

No estábamos solos.
Compartíamos las mismas miserias.



"Ensayo"

Mis últimos días
los viví como una mosca atrapada  en una telaraña.
Incapaz de moverme en el dominio de mi cazador
despreciando mi naturaleza
mi manera absurda de revolotear sobre la mierda
y alimentarme de ella.

Mis hondos abismos
eran brechas por las que discurría el color dramático de la culpa.

Mi pobre culpa
resbalaba como niños por el columpio
sin saber por qué
sin saber por qué
empecé a parir relojes entre las sombras.

Un estado de estancamiento inmediato
se apoderó de mi marcha fúnebre personal.

Enferma del amor de todos los hombres.
Ensimismada por el engaño irracional
apreté mi cuerpo contra el cuchillo
me hundí en él hasta verlo desaparecer
refugiándose
en algún órgano real
hasta recordar mi prontuario
mis consecuencias
hasta aceptarme y reír con locura
como si todo fuera una puesta en escena
y este
solo un ensayo.




"Destino"

Me despierta el grito del hombre cuando se derrumba
recibe su cara la sangre caliente que lo entorpece
un lluvia que desmorona estúpidas predicciones climatológicas
porque la tierra se calienta a fuego alto
y todos somos cebollas picadas en cuadrados
brillando en una sartén
sin darnos cuenta que no todos al mismo tiempo.

Minifaldas de tantas mujeres que soportaron una mano que se les introdujo
para tocarles algo más que las bragas
produciendo una indignación latente
en cada nervio
en cada hija
y cada nieta
esa información se estamparía como una secuencia ilógica
repetida hasta el hartazgo
por los siglos de los siglos.

Fuiste un hueso atravesado en el cuello de un gigante
que corría enfurecido
perdiendo el aire hasta desplomarse.
Goya pudo a penas capturar el momento en que Saturno te devoraba
y digo a penas
porque tú eras su hijo más querido.
el que prolongaría su descendencia,
pero te tuvo que matar
porque si no la hacía él,
lo harías tú.
Cosas de oráculos.
Avizorar algo que pasará y no le consta a nadie
más que a las fauces gastadas
de un saco negro y sucio que le llaman destino.
Se enrosca como una serpiente por los pies de la virgen
y debemos repetir el acto de esta:
pisarla con fuerza
hasta reventarla.



Reseña


Indira L. Anampa Santa Cruz (Lima, 1989) Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad San Martin de Porres. Publicó su plaqueta Noche en Marte (Ángeles del Papel Editores, Lima, 2009). Es parte de la Primera Muestra Colectiva de Lima Sur, Poesía en el Sur (Urbano Marginal- Editores, Lima, 2009). Parte de sus escritos aparecieron en antologías poéticas nacionales e internacionales como: "Entre exilio y desierto-una muestra poética del cono sur de Lima"  (Unión libre Ediciones),   De quenas y bandoneones 70 voces femeninas Perú-Argentina (Casa del Poeta Peruano), Suicidas Sub-21 (Mondo Krohnela Literatura  Argentina, 2010), Como verdes guitarras de eucalipto (Casa del Poeta Peruano), Nueva antología peruana Post-Hora (Ediciones Espartako), Rito Verbal: muestra de poesía peruana 2000-2010  (Elefante Editores), etc. Otros de sus  poemas  aparecieron en diversos medios literarios, como Marea Cultural, Plumas y Pinceles, La Tortuga Ecuestre, Espartako, Vicio Perpetuo, Pohemia Lux, etcétera.  Ha participado como Co-Locutora Radial del Espacio de Literatura y Arte,  Sólo para Locos (Radio Planicie). Próximamente publicará su primer poemario Patricia Leyton.

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